...¿A cuanto llega la estupidez humana?...Vivir.. que es vivir..
Un día te conocí.. te conocí pensando que nunca te hablaría, pero sucedió. Hablamos y desde ese entonces no dejamos de estar contactados. Entendías a la perfección lo que me pasaba y tratabas siempre de hacerme reír. Recuerdo perfectamente todo lo que hablábamos, y aunque fueron estupideces para ambos tenían sentido. Me hiciste feliz, me hiziste volar, me hiziste soñar y desear no despertar, desear no ver la luz del sol, sólo para estar junto a ti en la luna. Que juego tan infantil.
Cada tarde junto a la fuente era razón para permanecer largo tiempo con una sonrisa en mis labios y con las ganas suficientes de enfrentar al mundo, aunque dentro de mi supiera que todo estaba mal.
Me entregaste lo que necesité.. y a la vez yo fui la persona más sincera del mundo.. Te hablé con la verdad, te dije "te quiero" mirándote a los ojos.. ¿Pero que sucedió?
Ese día llegaste con la facultad de destruir. No lo supe cuando te vi, lo sé ahora que ya no te veo ni te veré.
Llegaste para matar. Tenías aquella bala escondida entre tus labios, esperando el momento preciso de lanzarla.
Me miraste, preguntaste.. pero no tenía sentido. Sabías perfectamente lo que tenías que hacer.
Estúpidamente yo seguí hablando la verdad, siendo sincera hasta el último momento en que mi cuerpo respondió a mis órdenes, hasta el último respiro voluntario, hasta la última gota de sangre que recibió mi corazón.
Tu cara sin expresión fue la primera señal. Mientras las malditas lágrimas llenaban mi ropa, tu en frente de mi como una figura de mármol, estática, que sólo habla como una grabación, decías palabras que jamás pensé que saldrían de tu boca.
Me ofreciste ir al parque. Ese parque que nos vió abrazados por primera vez. Aquel que había dejado en mi memoria uno de los recuerdos más alegres. Pero como tu mente ya no pensaba como antes, decidiste matar aquel recuerdo y dejar en su lugar al más horrible.
Mientras caminábamos pisaste las hojas como si fuesen la nada... pero dentro de mi, cada crujir, cada hoja que rompías sin piedad era parte de la felicidad que estabas dispuesto a destruir en un momento.
Llegamos y te sentaste. Yo de pie sólo te miré.
No podía creer lo que estaba pasando...
Me miraste por última vez. Te rogué que me dijeras la verdad.
El silencio nunca fue tan obscuro y placentero a la vez. A ratos sentía que no esucharte era mejor que soportar todo eso.
Tus manos sobre el pasto fueron la señal de que venía lo peor.
Comenzaste con cosas que ya había olvidado. Quizás habías practicado muchas veces como decirme eso. En ese momento lanzaste la bala. Aquella que mantuviste en secreto. Aquella que según tu era la verdad. Aquella espina que me atravesó y me dejó sin alma.
En ese momento me mataste. Me abriste por completa. Tomaste mi corazón, que aún latía, latía porque yo aún quería vivir, pero en ese momento terminó mi deseo. Lo tomaste y lo lanzaste al piso. Lo lanzaste como un niño le lanza una rama a su perro para que vaya en busca de ella. Lo lanzaste con todas tus fuerzas, pero antes de soltarlo lo rasgaste con palabras, lo asesinaste por completo.
Cuando cayó fue aplastado y tu lo olvidaste para siempre.
Mi cuerpo muerto comenzó a tiritar y las lágrimas ya lo inundaban todo.
Así es. Me mataste. Me mataste de la forma más horrible. Me hiziste no desear la vida. Y ahora tu sigues con la tuya, mientras yo deseo la muerte. Aunque en realidad no es cierto, porque ya no tengo vida, ya lograste matar en mi todo lo que pude sentir. Toda esa capacidad de querer, gracias a ti, ya no existe.
Gracias... Gracias por matarme y hacerme sentir el sabor de mi sangre..
*